Hace poco más de un año, tuve una compra impulsiva gloriosa: me enteré de que Oasis se volvía a juntar, que salían de gira y que venían a la Argentina… y ahí nomás hice todo lo humanamente posible para conseguir mi entrada. La conseguí: segunda noche, platea alta Belgrano. Un año después, hice algo todavía más grande: mi primer viaje sola. Sí, sola. Sin conocidos en el avión, sin nadie esperándome en Buenos Aires, sin compañía en mi recorrido. Solo yo, con mis valijas y mis nervios. Fueron días intensos, con un mar de emociones rugiendo adentro: alegría, ansiedad, llanto, felicidad, pánico y, finalmente, autosuficiencia. Estar en la ciudad más grande del país, volver a viajar después de tantos años, salir por fin del pueblo y darme cuenta de que sí puedo. Y ahí entendí algo más profundo: sentí que rompí un patrón inconsciente que me marcó durante tanto tiempo —ese famoso “no poder” que siempre estaba agazapado en mi cabeza. Puedo más de lo que mi mente me vende. Puedo caminar horas por...